Entrevista a Gabriel Coquel - Segunda Parte
Publicado el
26 de Noviembre de 2014
por
Pizzorno Blog

Les presentamos la segunda parte de una entrevista que se encargó de poner en marcha todos nuestros sentidos, experiencias que sólo se viven si uno se encuentra en el Restaurant Tandory.

 

PB: ¿Como organizas en trabajo cada noche?

 

G.C.: La atención es personalizada uno a uno. Las órdenes los tomo yo mismo. Si es la primera vez que venis yo te pregunto qué te gusta y qué no te gusta y no te dejo elegir ravioles capresse, porque eso lo tengo para los niños. Yo quiero que vos pruebes mi cocina, y los insito a probar cosas nuevas. Me quedan mirando, pero a los pocos segundos ya saben que se tienen que arriesgar porque vale la pena.
Si me llegara a desbordar tengo un gran equipo que me acompaña.

PB: La ambientación que se genera ataca todos los sentidos…

G.C: Sí, claro. La música es acústica, los aromas se van dando con los platos que van saliendo y por supuesto el paladar. El aroma que se genera cuando preparamos cocochas es fabuloso.
La gente valora también el menú variado que tenemos y la innovación que proponemos. El menú está ofrecido en tablets, en tres idiomas y con fotos de cada plato. Todo lo hice yo mismo.
Yo hasta elijo la música, todos los discos los compré yo. Esto es mi vida. No es mi trabajo, es mi estilo de vida. Es mi pasión. Vivo pensando en qué puedo mejorar para que el cliente sea más feliz.
El éxito, no es alcanzar la fama, el éxito es hacer lo que a uno le gusta.


PB: Son casi las mismas palabras que usa Carlos Pizzorno por su trabajo en la tierra. ¿Por qué se da esa sintonía que tienen?


G.C.: Porque somos los dos apasionados por lo que hacemos. Si no sos apasionado creo que no te podes levantar de madrugada a ver la viña, si cayó granizo o no, a podar o a hacer la vendimia. En el vino tenés que estar atras del producto, no todo el año porque tenés un producto zafral, pero en definitiva es lo mismo.
Yo tengo que estar todos los días comenzando una obra de arte nueva, estoy hablando contigo y yo sé lo que se está haciendo en cocina y antes de que vinieras vos estuve en ahí y dejé todo pronto. El vino es lo mismo, porque mientras Carlos está hablando con vos la vid está creciendo, se esta alimentando, le está llegando el sol y todo ese trabajo es fantástico.

 

PB: Todo lo que hay atrás de todo un año de trabajo en una botella, sólo lo sabe quien lo vive todo los días del año…

 


G.C.: Las personas muchas veces no lo entienden. Piensan que cuando les vendes un vino caro, le estas “robando la plata” por decirlo de alguna manera.
Yo siempre le cuento a Carlitos, que los vinos en $1.000 se trancan. Yo vendo un vino fácilmente hasta los mil pesos, tal vez ochocientos, ya después a la gente no le importa si tiene cuatro o cinco años de roble o tuviste baja productividad para llegar a ese sabor. En eso creo que también queda un largo camino por recorrer y tal vez más que en gastronomía. Porque el vino es más complejo, y es menos valorado.

Con Carlos tenemos mucha sintonía porque, además de ser un gran creador de vinos, es una persona con un carisma especial, siempre está de buen humor, a diferencia de otros que tienen otro estilo empresarial. Es de bajo perfil, muy humilde. Basta con ir a la bodega y ver lo artesanal que se trabaja, es distinta a otras.
“Con plata es muy fácil hacer plata”, algunos invierten millones. Yo puse un restaurante con quince mil dólares y nadie me cree. No tenía nada, no había manteles, no había cortinas, el equipo de música y el perchero los traje de mi casa, no había nada. La gente empezó a venir y de a poco compré un equipo de música, almohadones, todo fue de a poco.

 

PB: Gran visión y perspectiva…

 

 

G.C.: Y mucho miedo… pasé muchas noches sin dormir. Me acuerdo la primera persona que entró al restaurante le pedí que se sentara en la ventana, para que de afuera se viera que había gente. Debo haber ido catorce veces a preguntarle cómo estaba todo. Hasta que un día dos meses después explotamos, no me voy a olvidar nunca, fue un miércoles que en la cocina éramos tres y un mozo, porque no precisaba más gente y vinieron cuarenta personas. Fue la peor noche de mi vida, camine por las paredes. Tenia un ataque de nervios brutal y dije: “esto no me pasa nunca más”. Al otro día contraté a otro mozo…
Fue un camino largo. Es un gusto compartir esta historia con quien la quiera escuchar.

 

PB: Contanos del vino especial que te preparó Pizzorno para Tandory

 

G.C.: Esa fue una idea de Carlitos. Me dijo “hice un vino especial para vos”, te guardé una barrica especialmente. La idea fue evolucionando, hicimos la etiqueta, lo probamos y fue fabuloso.
Yo quería un vino que pudiera acompañar carnes y pescados, que no fuera tan intenso como el Tannat ni tan liviano como el Merlot, quería más estructurado, más europeo. Probé varios con Marcelo, su enólogo, y elegí uno. “Este es mi vino” le dije. Y fue fantástico.
Ya dije que para el año que viene haga otro. Es un gran vino, de verdad, y tiene gran aceptación por su relación calidad precio.

 

PB: Muchísimas gracias por todo. Ha sido un placer

 

G.C: Gracias a ustedes por venir.

 


 

 

“Con plata es muy fácil hacer plata”, algunos invierten millones. Yo puse un restaurante con quince mil dólares y nadie me cree. No tenía nada, no había manteles, no había cortinas, el equipo de música y el perchero los traje de mi casa, no había nada. La gente empezó a venir y de a poco compré un equipo de música, almohadones, todo fue de a poco."

 

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